Martes 12 - Santa Juana de Chantal

Ez 2,8_3,4; Sal 118; Mt 18,1-5.10.12-14

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» El llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Les aseguro que, si no vuelven a ser como niños, no entraran  en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que reciba a un niño como éste en mi nombre a mi me recibe. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.


¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la extraviada? Y si la encuentra, les aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. De la misma manera, el Padre de ustedes que está en el cielo, no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños». Entramos al capítulo 18 del Evangelio de san Mateo, el capítulo conocido como “discurso comunitario”. El tema principal: las características de las relaciones que deben existir en la comunidad cristiana. Los discípulos, encerrados todavía en sus pequeñas ambiciones, preguntan a Jesús: “¡Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?” (v.1) ¡El niño! El niño que nos introduce al vientre de la madre para “renacer de nuevo”, como le dice Jesús a Nicodemo (Jn.3). El niño que aún no tiene pasado, porque acaba de empezar su presente. Nos quiere decir Jesús que se debe cortar con lo que ya pasó, con nuestra vida de pecado, que es un lastre muy pesado, que nos impide despegar hacia los cielos del Reino. Es una invitación a ser “pobre” como el niño. La parábola de la oveja perdida y el pastor que sale a buscarla hasta encontrarla, tiene un tinte fuertemente comunitario y eclesial. Porque la Iglesia no es una mera colectividad, debe ser una comunidad.

Señor Jesús,
¿somos como niños que,
sin dobles intenciones, tendemos la mano al amigo?
¿Estamos dispuestos a “renacer de nuevo”
para integrarnos a la comunidad de los creyentes?
Ayúdanos a responder.
Amén.


Escucha

 


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