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Miércoles 13 - Ss. Ponciano e Hipólito Ez 9,1-7;10,18-22; Sal 112; Mt 18,15-20 Si te hace caso, has salvado a tu hermano En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, llámale la atención a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o como un publicano. Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. Les aseguro, además, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»l. Jesús no somete al hermano que peca a un proceso judicial con tres instancias: amonestación, testigos y comunidad. Lo que él quiere es que el pecador se sienta acogido por una comunidad que ejerce con bondad y paciencia el poder de atar y desatar. Quiere que la comunidad le haga sentir la presencia misericordiosa del Padre siempre dispuesto a perdonar. Jesús quiere que el pecador llegue a palpar su presencia viva en medio de la comunidad que ora con confianza y humildad. Jesús quiere que, si una oveja de su redil se pierde, la comunidad salga a buscarla, la ponga sobre sus hombros, la cure, se haga cargo de ella para sacarla de su extravío. Si la Iglesia siente al pecador obstinado como publicano, no se olvide que Jesús estuvo comiendo con ellos para salvarlos porque “el sano no necesita del médico, sino el enfermo”. Haz, Jesús, |
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