Martes 19 - San Juan Eudes

Ez 28,1-10; Sal de Dt 32,26-28.30.35c-36b; Mt 19,23-30

Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios». Al oírlo, los discípulos quedaron muy sorprendidos y dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús, mirándolos fijamente dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo». Entonces le dijo Pedro: «Mira nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?» Jesús les dijo: «Les aseguro que en el mundo nuevo, cuando el hijo del hombre se siente en su trono de  gloria, ustedes que me han seguido, también se sentaran en doce tronos para juzgar a las  doce tribus de Israel. Y todo aquel, que por mí nombre, deje casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».


Para Dios no es imposible, pero qué difícil es que un rico entre en el Reino de los cielos. Tanto ¿como un camello por el “ojo de una aguja”? Aunque, como creen algunos, el “ojo de una aguja” era un lugar cercano a Jerusalén tan estrecho, por el que no podía pasar el camello de una caravana. La pregunta de Pedro, alusión al episodio del joven rico ¿Y nosotros que lo hemos dejado todo...? (cfr.v.27). Pedro se insinúa porque quiere saber cuál va a ser la suerte que les espera a los que han arriesgado todo por Jesús. La respuesta de Jesús es doble: para “los apóstoles”, se sentarán sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel; para “todos” los que hayan dejado casa, hermanos, padres, etc...por él, ésos recibirán el ciento por uno y luego la vida eterna. Vale la pena el canje del “todo” por el “ciento por uno y la vida eterna”.

Haz posible, Jesús,
lo que para nosotros es imposible:
que nos desprendamos
de nuestras “miserables” riquezas,
para conseguir el tesoro escondido
de tu seguimiento.
Amén.


Escucha

 


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