Miércoles 20 - San Bernardo

Ez 34,1-11; Sal 22; Mt 20,1-16

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar trabajadores para su viña. Después de contratar a los trabajadores por un denario al día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, sin trabajo, y les dijo: “¿Por qué están aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los trabajadores y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».


Al terminar de leer esta parábola, nos asalta un sentimiento que no nos atrevemos a decir en voz alta por el respeto que debemos a nuestro Dios: ¡qué injusticia! ¿Cómo es posible que a los últimos se les pague lo mismo que a los que han estado todo el día deslomándose? La misma queja se oye al hijo mayor de la parábola (Lc 15,29-30), a Jonás en Nínive (Jon 4,2), a los “buenos” judíos (Ez 18,25-29). Jesús argumentará de este modo: el dueño de la viña es justo con los primeros trabajadores, porque en ese sueldo  habían convenido; y es justo con los últimos, ya que entre dueño y trabajador no se había quedado ni en salario, ni en ninguna forma de trabajo que condicione el proceder del dueño. La forma de actuar del dueño no se opone a la justicia humana, como lo demuestra el pensamiento de Jesús, porque la trasciende abriendo la puerta a la infinita bondad de Dios. Esta parábola tenemos que ubicarla dentro del contexto de la Alianza entre Dios y los suyos, que no es un contrato de “doy, para que me des”, sino que es un acto iniciado por el  amor gratuito de Dios Padre.

Que entendamos, Señor,
que tu misericordia va mucha más allá
de nuestra lógica y justicia humanas
y que aprendamos a ser misericordiosos
con los demás como tu lo eres con nosotros.
Amén.


Escucha

 


Volver a la pagina: Evangelio
de cada día


Volver a la página principal