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Lunes 25 - San José de Calazans 2Ts 1,1-5.11b-12; Sal 95; Mt 23,13-22 ¡Ay de ustedes, guías ciegos! En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! Ni entran ustedes, y a los que están entrando, no los dejan entrar. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un prosélito y, cuando lo consiguen, lo hacen merecedor del infierno el doble que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él». En el sermón de las Bienaventuranzas Jesús se presenta como el Mensajero y Maestro del Reino; ahora se presenta como el Juez y Señor, que dicta sentencia. Tres “maldiciones” que recaen sobre la manera de actuar de los escribas y fariseos. Palabras muy duras de Jesús, que acusa la hipocresía y falsedad de sus adversarios, “Maldiciones” que no han perdido su fuerza. Ninguno de nosotros es quien para juzgar, mucho menos condenar, a los otros. Pero no se puede negar, (sin pretender juzgarlos ¡Dios nos libre!), que muchos que se consideran “hombres de Iglesia” son piedra de escándalo y ocasión de pecado; no se puede negar que se habla mucho de la opción de los pobres, viviendo muy lejos de ellos, de su problemática, de sus angustias y sufrimientos; no podemos negar que, sabiendo que “no somos de este mundo”, utilizamos el mundo, sus criterios y valoraciones para nuestros propios intereses... Escuchemos al Maestro, revestido con su toga de Magistrado, que nos señala con el dedo y nos acusa de hipocresía. ¡No quiere condenarnos! Quiere que “nos convirtamos y vivamos el Evangelio”. Sabemos, Jesús, |
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