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Domingo 31 - XXII del Tiempo Ordinario Jr 20,7-9; Sal 62; Rm 12,1-2; Mt 16,21-27 Quítate de mi vista, Satanás En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no te puede pasar». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí; la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta». Los dirigentes y sacerdotes se han reunido en Jerusalén y han decretado la muerte de Jesús, por eso él ya sabía que estaban sus días contados. Da la noticia a sus discípulos. Pedro reacciona: “...tomándole aparte, se puso a reprenderle” (v.22). Y a este Pedro a quien poco antes Jesús había llamado “bienaventurado” (v.17), ahora es tildado de “Satanás” (v.23) Porque este Pedro se ha convertido en “tropiezo”, en tentación, para Jesús que está decidido a cumplir la voluntad del Padre, aunque sea un “cáliz” de dolor y muerte. Nadie, ni su discípulo predilecto, le va a apartar del camino.Jesús aprovecha la oportunidad para hablarles del seguimiento y de su segunda venida. Enséñanos, Jesús, |
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