Sábado 9 - Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Ha 1,12_2,4; Sal 9; Mt 17,14-20

Si tuvieran fe, nada les sería imposible.

En aquel tiempo, un hombre se acercó a Jesús, y arrodillándose ante él le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo». Jesús contestó: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? Tráiganmelo aquí». Jesús increpó al demonio, y éste salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos expulsarlo nosotros?» Les contestó: «Porque ustedes tienen poca fe. Les aseguro que si tuvieran fe como un grano de mostaza le dirían a aquella montaña que vengan aquí, y vendría. Nada les sería imposible».


Los apóstoles no pueden expulsar a esta clase de demonios porque su fe es aún pequeña. Leamos de nuevo el texto con un trasfondo histórico: Las primeras comunidades cristianas podrían estar algo decepcionadas al ver que los apóstoles no tenían los mismos poderes taumatúrgicos que el Maestro. Mateo no duda en reprocharles su falta de fe. Reproche válido para los tiempos que vivimos. Hoy dudamos de la fuerza del Evangelio de Jesús, y tratamos de limar asperezas para presentar un mensaje “light”, aceptable para el hombre “sensible” del siglo XXI. El mundo y la Iglesia, encarnado en él, viven momentos difíciles de crisis que hacen temblar los cimientos. Estructuras pasadas, tanto de la sociedad como de la Iglesia, están carcomidas por el tiempo y no podemos seguir apoyándonos en ellas. Para poder expulsar los demonios que hoy parece que nos invaden por todas partes, tenemos que tener fe, mucha fe, en una Iglesia que se está renovando (¡quizá demasiado lentamente para algunos!) por la fuerza del Espíritu, y  mucha confianza en  el Mensaje de Jesús, como él nos lo ha trasmitido, que sigue siendo muy actual. Y como expresión de la fe, nuestra oración.

Danos, Jesús,
sabiduría para discernir
y gracia para saber elegir
lo que más nos conduce al fin.
Amén.


Escucha

 


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