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La fiesta de San Valentín que se ha relacionado con el día del amor y la amistad, tiene dos personajes asociados a ella. Uno, sacerdote romano que sufrió el martirio en el año 268 y otro, el obispo de Terni (Italia) que también murió mártir cinco años después.
Se dice que el primero fue amigo del emperador Claudio el Gótico, quien fue el que lo interrogó. Sus claras respuestas calaron bien en la mente del emperador, que dirigiéndose al público exclamó: “¡Escuchen que sabia doctrina de este hombre!”. Pero de todos modos lo condenaron a muerte, a pesar de que había logrado convertir al mismo prefecto Asterio y a toda su familia. Lo enterraron en la vía Flaminia, donde después se construyó una iglesia dedicada a él.
El segundo Valentín, obispo de Terni, durante su estadía en Roma convirtió al famoso filósofo Cratone y a sus tres jóvenes discípulos atenienses que después, con su celo, se expusieron a la fácil denuncia de los no creyentes. El obispo fue llevado al tribunal y condenado a la decapitación. Entonces los tres jóvenes neoconvertidos llevaron su cuerpo a Terni, donde fue recibido con muchos honores por la floreciente comunidad cristiana.
Pero ¿por qué se celebra la fiesta de los enamorados ese día?
Esta es una simpática tradición, especialmente en los países anglosajones: como en la edad media se creía que en este día los pájaros, al sentir los primeros aires de la primavera, empezaban a hacer sus nidos, se dice que la fiesta de San Valentín marcaba el despertar de la vida y por tanto del amor.
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